domingo, 21 de febrero de 2010

GENTE DE BUENA CALIDAD

Salía de la reunión corriendo. Me despedí rápidamente de los asistentes y subí al primer taxi que pude detener en el ajetreado tráfico de la hora de salida de los colegios. Uf! un poco justo para llegar a tiempo al curso que me había inscrito, pero me daba tiempo.

De pronto me acordé que mi último billete de 10 € lo había gastado en la comida. Rebuscando en la abultada cartera encontré un billete de 5 € que sumado a las tristes monedas que tenía en el pantalón sumaban 5,72 €.

- "Disculpe, ¿Acepta tarjeta?"
- "No, lo siento caballero."
- "Vaya, si me hace el favor, cuando el contador marque 5,50 € se detiene y me deja donde estemos, que ya termino a pie. Es que es lo único que me queda en la cartera, y no se si va llegar."

La mirada del taxista en el retrovisor era incierta. No supe como interpretarla, pero yo ya no podía hacer otra cosa. Cuando el taxímetro marcó la cifra indicada el chofer alargó la mano y detuvo el contador.

- "Bueno, muchas gracias, pare donde pueda."
- "Sí, sí, ya. No se preocupe."

Justo a la entrada del túnel de Olavide veo como enfila cuesta abajo. Vaya, "que majo" me va a dejar del otro lado. Eso me va a ahorra un par de minutos; pienso. Parecía que el túnel le había hecho olvidar que había detenido el marcador y continuó su marcha.

- "Oiga, muchas gracias por pasar el túnel pero ya puede parar cuando quiera. Recuerde que ya no tengo más dinero" le dije esbozando una ligera sonrisa.
- "Si, bueno. Usted no se preocupe."

Tras un par de intentos obteniendo la misma respuesta decidí no insistir. Tras 3 o 4 minutos llegamos a destino.

- "Bueno, ya estamos. Son 5,50 €"

Me había regalado mucho más que unos pocos euros.

jueves, 12 de noviembre de 2009

SER MORAL PARA SER FELIZ

Hace poco más de un mes me enteré por en el periódico de la muerte de posiblemente uno de los hombres más interesantes que ha tenido nuestro país en nuestros tiempos: Enrique Miret Magadalena.

En el artículo que hablaba sobre su vida y su pensamiento me llamó especialmente la atención una muestra sobre su visión del mundo que transcribo a continuación:

"Un modo seguro de hacernos la vida agradable es hacérsela a los demás. En definitiva, ser moral para ser feliz".

Nada que añadir...

domingo, 4 de octubre de 2009

1000 METROS

La reunión con la comunidad de Chilcani fue interesante. Esta comunidad, perteneciente al municipio de Sorata, está situada a 3.800 metros de altitud, en plena cordillera del altiplano boliviano. Después de disfrutar de los platos que nos ofrecieron las mujeres de la comunidad que hacían honor a su hospitalidad, iniciamos el descenso por el tortuoso camino dirección a la cabecera municipal.

Empezaba a estar agotado de tanto tambaleo del Toyota. Las piedras y los hoyos del camino hacían tambalear el pick-up de un lado para otro como si estuviéramos en una atracción de feria. Tras haber descendido casi 1.000 metros de desnivel (la cabecera municipal de Sorata se encuentra a 2.650 metros sobre el nivel del mar) nos encontramos con un grupo de unos 20 chicos y chicas de 10 a 14 años que iban riendo y bromeando mientras caminaban cuesta arriba. Eran casi las 2 de la tarde y me extrañó ver a ese grupo de jóvenes caminando a esas horas en medio de ninguna parte. Ante mi falta de imaginación para una explicación lógica le pregunté al técnico del proyecto a donde iba ese grupo de jóvenes. "Vuelven de la escuela en Sorata y van a su casa, a la comunidad". ¿A Chilcani? Pero, no es posible, son más de 1.000 metros de desnivel ¡¡Suben y bajan todos los días para ir a clase!! "Sí, claro", esa fue toda la respuesta.

No salía de mi asombro. Una mezcla de estupefacción y vergüenza invadió mi cuerpo. Hacía apenas unos minutos yo me estaba quejando para mis adentros de la incomodidad del trayecto, ese trayecto que a diario recorrían a pié unos niños con sol, con lluvia o con nieve. Recordé mi época de colegio, cuando me parecía un fastidio tener que recorrer bajo la lluvia de invierno unos pocos cientos de metros la distancia que separaba mi casa de la parada del autobús. Recordé las noticias que se repiten todos los años en septiembre en España hablando del peso de las mochilas de los escolares. Recordé las veces que he visto en el metro de Madrid los chavales que vienen del colegio y ocupan los asientos incapaces de levantarse para dejarle el sitio a una persona mayor o a una embarazada "porque están agotados" y las madres de estos diciendo "pobres chicos, es que en el colegio les agotan...".

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